
Fotografía: Diario La Nación
Esos individuos que utilizan el nombre de una noble madera, como es el quebracho, son una verdadera deshonra para los argentinos de bien que nos oponemos a la violencia y a todas sus variantes, como son la falta de estado de derecho, el prevaricato, la anarquía, el racismo y la xenofobia, etc.
Ayer estos sinvergüenzas volvieron a causar destrozos, esta vez en el edificio donde vive un nefasto ex ministro de economía de la última dictadura que tuvimos, que en honor a la verdad fue cívico militar.
El año pasado algunos activistas de esta organización ingresaron en el predio donde se encuentra el edificio de el Estado Mayor del Ejército Argentino, y por lo que alguien confiable comentó, los militares que allí se encontraban dijeron que si no se retiraban, ellos mismos saldrían sin sus armas y a golpes de puño los expulsarían , y esos sujetos de quebracho no tendrían ninguna excusa para argumentar que fueron reprimidos puesto que sería una pelea entre hombres, en igualdad de condiciones, donde se evidenciaría la falta total de agallas de éstos inadaptados y quedarían expuestos al más absoluto ridículo, razón por la cual rápidamente se retiraron y hasta el momento nunca más volvieron a intentarlo, al menos en esa institución.







En el diferendo suscitado con la hermana República Oriental del Uruguay, me parece razonable la postura del presidente de ese país al afirmar de que está dispuesto a negociar, pero no bajo presión. Para que ello ocurra es necesario que se le ponga fin al corte de los puentes que unen ambos países por parte de los manifestantes argentinos. 
Fue sorprendente ver ayer en el noticiero de televisión como un sujeto poseedor de un BMW, automóvil bastante caro por cierto, solamente accesible para un segmento reducido de la población, al intentar ser indagado por autoridades judiciales dentro del selecto barrio privado en el cual reside negarse a la requisitoria, nada más ni nada menos por ser deudor de 15.000 pesos del impuesto que grava la propiedad automotor. 



Cuando un equipo de fútbol gana los jugadores son aplaudidos, el técnico hasta puede llegar a alcanzar el status de genio. Pero basta que pierdan tres o cuatro partidos consecutivamente para que esta situación se revierta y los hasta hace muy poco vitoreados pasarán a convertirse en los malos de la película, y el técnico quién es la persona que más interés tiene en que el equipo gane, porque de lo contrario se convierte en un fusible fácilmente reemplazable, suele ser agredido generalmente de palabra y en algunos casos de hecho por individuos llamados barra bravas, cuando en realidad son unos mafiosos que acuden a los espectáculos deportivos para saciar sus instintos primarios, y hacen gala tanto en la victoria como en la derrota, sobre todo en esta última, de una ignorancia y una falta de principios morales que los convierten en marginales, y que si se aplicarán las leyes como corresponde deberían ir a parar a la cárcel, y cuando termine su tiempo de reclusión tener vedado el ingreso a un estadio deportivo de por vida. 


